Si un día le encuentro
déjeme que le cuente,
sin miramiento,
todas aquellas cosas que siento adentro.
No importe el tiempo,
la causa, el modo,
el contexto, o el sexto
sentido con que las siento.

No dude que ando tiempo buscando,
sin dar con esa mente pensante,
que nunca mienta
cuando crítica emita
su veredicto,
sobre el sentido estricto
de lo aquí escrito.

Sólo le pido máxima discreción,
guarde el secreto,
que nadie va a comprender
ni por qué lo siento,
ni por qué lo escribo,
ni por qué se lo cuento;
e iré tirando de la ilusión
de que le agrade,
de la emoción de que le emocione,
de la pasión de que le apasione,
de la intención de que le llegue al corazón
esta sinrazón.

Puede que le parezca una locura,
una embriaguez descontrolada,
una aventura furtiva,
una irresponsabilidad,
una canallada,
pero sólo es ilusión,
sueño, pasión,
desenfreno con control,
descafeinado y sin alcohol,
que arde y quema como el sol
que toma sin protección, mi corazón,
si no le refresca su mirada.

Y partiré de nuevo a la estación,
dónde me espera ese vagón,
un bolígrafo, un cuaderno,
y sus ojos, que son mi inspiración.