... y al llegar a casa, solo escucho el silencio, el murmullo de la ausencia, el susurro de mi soledad...
Te has marchado, se que no será por mucho tiempo, pero ahora no estás aquí, y no puedo relajarme entre tus brazos, mientras ellos duermen...
El corazón, dicen..., se acaba acostumbrando, el mío debe ser muy torpe, me promete que no llorará esta vez cuando te marches, pero lo hace como un "descosido"...

Hasta pronto.