Llego a casa, hace un calor infernal, caramba con el mes de junio..., el veranito entró pisando fuerte, de eso no hay duda...

Y cae la tarde, me gusta salir al jardín, y sentarme en el porche, y escuchar el agua, chip chip chip chip chip, va golpeando el cesped como una bendición...
Choca contra las farolas, contra el columpio de los niños, y refresca las hojas de mis plantas, salpicando con sus gotas cada una de sus hojas, la humedad se puede sentir...

azul...

azul...

qué color tan fresco,

quién no ha notado un escalofrío al contemplar esta fotografía...
después del rojo,
el naranja,
el amarillo...
del bochorno estival,
zas!!!!!!!!!!!!!!

ahí está otra vez...

agua fresca... zambullirse en la piscina, o en el mar, o simplemente bajo la ducha, y notar como desciende la temperatura corporal... que contraste tan maravilloso...

y una vez repuesta me meto en casa, y después de la cena, prontito a la cama, que estoy rendida, los niños se comportan, se duermen enseguida, ojeo unos papeles, comento en algún blog... no se , hoy tengo la mente derretida, me voy a la cama, buena compañía...

y noto que sube de nuevo la temperatura, y me levanto, paseo desnuda por la casa, salgo a la calle, y allí está... chip chip chip chip chip,

salpicando de nuevo, refrescandolo todo, y me acerco, y me voy empapando, y me siento en la hierba, y me acurruco, y sus gotas me mecen y su sonido me canta una nana...

estoy tan agusto...

tan

tan agusto...

que no me he enterado de nada, o sí... esta mañana al despertar, él me dijo que había caído una buena tormenta, tan tan fuerte que temió que el enano se despertara... y yo, no se... la verdad no me he enterado, aunque en el fondo, sé que pasó...

yo estuve ahí...

en blanco y negro...

como en todos los sueños...

pero sentí su frescor, su azul...