Ayer el sol se salió de su órbita y se desparramó sobre mi casa, como el que se desabrocha el botón del pantalón después de una copiosa comida...

Ayer el sol calentó tan intensamente..., que la brisa se tornó fuego y el sofoco me dejó sin aliento...

Ayer el sol evaporó mi cuerpo y me elevé sobre la tierra como en la más pura concentración de un ejercicio de tai-chi...

Y lo dejé caer...
abrí mis manos,
ademán inconsciente,
por dejarme llevar...,

y me fuí derritiendo
poquito a poco sobre él,

sobre aquel abanico
que un día mi cuerpo
intentó refrescar,

y ahora soy un charquito
que buscó por tu río
el camino hacia el mar...

Gracias Fran, lo intentaré otro día... a la fresca.