... mira, te he comprado estas camisetas, ¿verdad que son geniales?, supongo que hará buen tiempo allí, ¿qué debe ser?

- más o menos..., abril de aquí.

- bien pues. Es bonita la blanca ¿eh?, ahora que la verde es la mejor, fíjate en la leyenda... "**déjate llevar hasta el infinito**"

Me miró, le miré, ya no dije nada más...

El infinito, su infinito, mi infinito tiene un bello nombre, pero un alto grado de sal, o son mis lágrimas que se cuelan por las comisuras de mi boca, cada vez que pongo la maldita combinación en nuestra samsonite de cuero azul... azul océano...

Supongo que la leyenda de esta camiseta, de color verde desgastado, elegida con mimo... por ser mi color, le pone el límite a ese dejarse llevar...

Intuyo será ese, el punto más lejano a mí... y porque no puedo cambiar el destino, aunque quizás la magia exista, y porque se que es por nuestro sueño, y los sueños son lo único que nos queda cuando la noche cae hasta que llega el nuevo día..., no se lo he dicho... pero yo también me compré otra camiseta, de idéntica leyenda, y se que no tomaré el próximo avión, pero me la pondré cuando no esté, y me dejaré llevar con él hasta su infinito y pacífico océano...