Debe de existir algún lugar, cerca de aquí,

dónde las palabras, que se lleva el viento...

descansan sobre promesas,

carentes de dueño,

y un angel las va, lanzando, por ahí...

 

Debe de ser que aquel día recibí,

el impacto certero, de una flecha en el centro,

pues cuando de tí, me intenté alejar corriendo,

justo en dos exactas, mitades,

me partí...

 

Yo no me puedo quedar,

es más,

sé que lo nuestro no puede ser,

seguiré con mi camino,

aunque me muera por volver...

 

Quédate con mi mitad,

a esa, no la pude convencer...

seguirá siempre clavada,

a tu cintura abrazada,

cada atardecer...

cada amanecer...

 

Recuerdo bien el día, que te conocí,

sin casi mediar palabra, nos dijimos tanto...

dónde anduviste tú,

por qué tardaste tanto...

maldito tren, que aquella tarde, no cogí...

 

Explícame, cómo es posible separar,

la atracción y el deseo, de esta cordialidad...

cómo diferenciar, la vida de la muerte,

si sé que no puedo verte,

que no conservo, mi mitad...

 

 

Yo no me puedo esperar,

lo sé,

quizás  te es difícil entender,

tan diferente destino,

en un mismo camino por recorrer...

 

Quédate con mi mitad,

a esa, no la pude convencer...

su sino es quedar clavada,

a tu cintura abrazada,

cada atardecer...

cada amanecer...